LA CRUZ ARMENIA

Para los armenios la Cruz es el símbolo de nobles y sublimes ideales. La nación armenia ha identificado su vida con el misterio y el ideal de la Cruz

Armenia se convirtió al cristianismo en el año 301, siendo el primer país del mundo en adoptar la Fe de Cristo como religión oficial de Estado. Con el tiempo se desarrolló un arte del tallado de la Cruz que originó un estilo muy particular de representarla. Fundamentalmente se nota un ensanchamiento de los cuatro brazos de la Cruz hacia su borde externo y la presencia en cada punta de tres hojas que simbolizan la yema de las plantas. La yema es la parte vegetal llena de potencia que desarrollándose se transforma en hojas, ramas flores y frutos, y así el cristianismo, representado por la cruz, se ha desarrollado y difundido por todo el mundo transformadose  en una religión universal.

Ninguna de las naciones cristianas está tan ligada a la Cruz como el pueblo armenio. Para los armenios la Cruz es el símbolo de grandes y sublimes ideales. La nación armenia ha identificado su vida con el misterio y el ideal de la Cruz; la vida de los armenios ha sido una verdadera crucifixión durante siglos. El armenio sirvió a Cristo, con lealtad por el camino de la Cruz y del sangriento Gólgota.


El pueblo armenio ha transformado la Cruz en el símbolo de su existencia, la ha asimilado y ha dispuesto celebraciones propiamente armenias: la fiesta de la Cruz de Varak, la fiesta de la Cruz Armenia, que la ha hallado en territorio armenio, en una gruta del monte Varak, por la visión de dos santos anacoretas – Thodic y Hovel – durante el siglo VII.


El armenio durante sus días tortuosos siempre se ha inspirado de Ella, llevándola como una antorcha luminosa durante siglos; se ha defendido con Ella, como una coraza invencible, como un arma de victoria. Se ha dirigido a Ella como a un faro luminoso durante los días tempestuosos del barco de su vida, encontrando un puerto pacífico bajo sus olas resplandecientes. Por eso nuestros bienaventurados ancestros tenían razon de llamarse a sí mismos Adoradores de la Cruz.


La Cruz está por doquier en nuestras vidas; no solamente en las cúpulas y en los altares de nuestras iglesias, sino también en nuestros hogares, sobre tumbas de nuestros queridos muertos, bajo cuyo amparo descansan. Llevamos la cruz sobre nuestros pechos, con ella persignamos nuestros rostros, confiando en la santa señal de su protección y su misterio salvador.


Nuestros misales, libros de cánticos religiosos, están llenos de melodías, odas, cantos y oraciones dedicados a la cruz. Finalmente la cruz sobre nuestras vidas, sobre nuestros pensamientos, nuestras obras.


Ninguna nación ha comprendido mejor la fuerza salvadora vivificante del sufrimiento de la Cruz como el pueblo armenio. El, permaneció siempre leal a la Cruz y al crucificado. Fue torturado por ella, perseguido, sufrió, pero no la negó ni la abandonó sino confió en su misterio salvador y en su promesa de inmortalidad y con esa fe vivió eternamente. Podía haberse unido a los Persas, a los Griegos, Arabes y Turcos para salvar su existencia física, renegando su fe, su alma; pero vio en ello su muerte, su perdición, la negación de su alma; mientras vio en la Cruz sus ensueños, sus ideales, su resurrección, su eternidad. Sus heridas se curaron con su panacea y vivió de nuevo más vigoroso y más enérgico.


Como cada persona, cada nación tiene su Cruz, debe de buscar y encontrarla. El pueblo armenio encontró su Cruz y no quiso perderla; siempre miró con esperanza a la cruz del Gólgota y con ella saludó la luminosa aurora de la resurrección. El sufrimiento forjó su inmortal voluntad de vivir, como el hierro, después de pasar por el fuego ardiente, fraguándose se torna más resistente.


La armenidad vio en la Cruz valentía, paciencia, sabiduría y encontró en ella consuelo, esperanza, amor y luz, vida e inmortalidad. Y veinte siglos sin cesar cantó la Gloria de la Cruz y la victoria del crucificado:

"Gloria a tí Santa Cruz, Aleluya
A tí crucificado, Aleluya…"

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